Entre la fe y la política

Por: Ariel Romero

La verdadera ley

Hay una verdad que muchos no quieren escuchar: la ley de la siembra y la cosecha.

Esta no se negocia.

Hoy vemos líderes que quieren cosechar honor, pero siembran manipulación.

Quieren respeto, pero siembran corrupción.

Quieren credibilidad, pero siembran mentira.

Y en la vida espiritual pasa lo mismo.

El gran peligro del hombre no es solo el pecado visible, sino volverse un hombre almático, gobernado por emociones, ego y conveniencia, y no por la conciencia de fe.

Porque las decisiones son semillas.

Un fruto enfermo siempre viene de una semilla enferma.

Por eso la corrupción es progresiva: primero llega la frialdad, luego la indiferencia y, finalmente, la pérdida del temor de Dios.

Cuando alguien siembra para la carne, empieza a perder cosas que ningún cargo ni dinero pueden devolver:

pierde autoridad, pierde testimonio, pierde poder, pierde influencia y pierde credibilidad ante una sociedad que lo observa. Cuando un líder pierde credibilidad, empieza el principio de su caída.

Pero quien siembra para el espíritu transmite algo diferente: vida, fe, esperanza y paz.

La pregunta incómoda sigue siendo la misma:

¿Qué piensa Dios cuando le pedimos bendición mientras seguimos sembrando para la carne?

Nadie cosecha honorabilidad sembrando corrupción.

Y esa ley… no la cambia ningún gobierno.

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